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Servidores a seis años, chips a uno: la brecha de depreciación de las GPU en los centros de datos de IA

Microsoft, Alphabet, Amazon y Meta alargaron la vida útil contable de sus servidores a cinco o seis años justo cuando Nvidia empezó a renovar sus chips cada año. Una de ellas ya ha dado marcha atrás. La distancia entre la vida contable y la vida económica es el subsidio silencioso que sostiene los resultados de la IA, y alguien lo está pagando.

Las cuatro compañías que más gastan en infraestructura de IA amortizan sus servidores en un plazo de cinco a seis años. Nvidia, mientras tanto, saca una nueva generación de aceleradoras cada año. Así de simple es la brecha de depreciación de las GPU en los centros de datos de IA: la contabilidad funciona con un reloj lento y el producto con uno rápido, y esa diferencia se está contabilizando, hoy, como beneficio. Las preguntas interesantes son cuánto se ha abierto esa brecha y quién se queda con el papel cuando se cierre.

Los supuestos no están ocultos: aparecen en las cuentas, junto con lo que cada cambio hizo al beneficio declarado. Microsoft amplió la vida útil depreciable de sus servidores y equipos de red de cuatro a seis años a partir de su ejercicio fiscal de 2023, y reconoció que el cambio añadiría unos 3.700 millones de dólares al resultado operativo de ese año (así consta en las presentaciones 10-K de Microsoft). Alphabet hizo lo mismo en enero de 2023, pasando de cuatro a seis años y calculando una reducción de la depreciación de 2023 de unos 3.400 millones de dólares (la cifra figura en los informes anuales de Alphabet). Meta alargó a cinco años y medio la vida de ciertos servidores y equipos de red desde enero de 2025, con un ahorro de depreciación de unos 2.900 millones en 2025 (así lo detallan las cuentas de Meta). Amazon siguió el mismo camino, a seis años desde enero de 2024, con un efecto de unos 900 millones de dólares en resultado operativo, y luego hizo lo más interesante de todo: en febrero de 2025 recortó a cinco años una parte de sus servidores y equipos de red, se anotó un cargo acelerado de unos 920 millones por equipos retirados antes de tiempo y anticipó unos 700 millones menos de resultado operativo en 2025, alegando el ritmo del desarrollo tecnológico, sobre todo en IA (la secuencia completa está en las declaraciones 10-K de Amazon).

Léase esa secuencia por lo que es. Hasta la rectificación de Amazon, todos los cambios corrían en la dirección que favorece el beneficio, y las ampliaciones se concedieron justo cuando la composición de las flotas pasaba de las CPU, que sí envejecen con dignidad, a las GPU, que no. Un solo año más de vida útil supuesta vale miles de millones de dólares de resultado operativo declarado entre estas cuatro compañías. Amazon es, por ahora, la única que ha ajustado el supuesto a la realidad, y lo ha hecho precisamente en la porción de su parque ligada a la IA. Nada de esto implica irregularidad alguna: las estimaciones son estimaciones, y los auditores las firmaron todas. Es una observación sobre dónde recae ahora la carga de la prueba.

¿A qué velocidad se deprecia realmente una GPU en un centro de datos de IA?

Las vidas útiles contables son opiniones; los precios de alquiler son hechos. El indicador público más limpio de lo que puede llegar a ganar un parque de GPU es lo que paga el mercado abierto por alquilar una, y esa curva no se parece en nada a una línea recta a seis años. El precio de alquiler de una H100 cayó de unos 8 dólares la hora en el pico de escasez de 2023 a menos de 2 dólares a finales de 2024, un descenso de aproximadamente tres cuartas partes en año y medio, y la mayor parte ocurrió antes de que Blackwell llegara al mercado en volumen. El ritmo detrás de ese desplome también es público: Hopper en 2022, Blackwell en 2024, Blackwell Ultra en 2025, con Rubin previsto para 2026. Cada flota desplegada hoy se encuentra con un competidor superior en cuestión de un año.

El mecanismo que convierte una renta a la baja en una fecha de apagado es brutalmente simple. Una aceleradora ya amortizada gana dinero mientras el precio de mercado de lo que produce supere su factura eléctrica y de alojamiento. A modo de ilustración, no de previsión: un clúster que consume un megavatio cuesta unos 700.000 euros al año en electricidad a 0,08 €/kWh, una tarifa barata para los estándares actuales, y esa factura nunca baja. Lo que puede ganar ese megavatio, en cambio, sí baja, porque la computación se cotiza contra la mejor máquina disponible en el mercado, no contra la propia. En cuanto el precio de mercado cae por debajo del coste eléctrico de la flota antigua, lo racional es apagarla, por mucha demanda que exista. La vida económica, por tanto, la marca la eficiencia de la siguiente generación de chip y el precio local de la electricidad, no la durabilidad física del silicio, que aguanta una década o más.

¿Quién carga con el papel?

La brecha aterriza de forma muy distinta según el balance que la sostenga. Cuando Microsoft o Alphabet amortizan de menos, la corrección final la absorbe el accionista vía beneficios: es soportable y, a su escala de márgenes, casi invisible. Los especialistas en alquiler de GPU son otra historia. CoreWeave amortiza su equipo informático en seis años (el supuesto figura en su folleto de salida a bolsa) mientras se financia con deuda garantizada por esas mismas GPU; su negocio es, literalmente, el activo que se deprecia, sin franquicia de software ni de publicidad alrededor que lo amortigüe. Si seis años ya son generosos para Microsoft, que puede llenar una sala con su propia carga de trabajo, son heroicos para un negocio de alquiler cuyo producto es precisamente lo que se deteriora. Y cuanto más se aleja el activo de quien lo usa, hacia arrendamientos, préstamos garantizados con GPU y estructuras titulizadas, más se convierte el supuesto de valor residual en problema de otro: del prestamista, del arrendador, del asegurador. Una depreciación mal calculada en una gran tecnológica es una discrepancia de calidad del beneficio. La misma depreciación mal calculada en una flota de alquiler apalancada es un impago.

La manta de confort que suele sacarse a estas alturas es la fibra óptica: en el año 2000 se sobreinvirtió, el cable quedó apagado, compradores pacientes lo encendieron después con láseres mejores y acabó sosteniendo el internet actual. La analogía falla en la física. La fibra conservó su valor porque el vidrio nunca fue el cuello de botella; la inteligencia estaba en los extremos del cable y podía actualizarse. Una GPU no tiene extremos que actualizar. El chip es el propio destino final, y la mejora llega como sustitución, no como reforma. Quien compra una flota superada está comprando el flujo de rentas decrecientes descrito arriba, y el mercado ya ha demostrado a qué velocidad se agota ese flujo.

Lo que me haría cambiar de opinión

Tres cosas, ninguna descabellada, ninguna actualmente el escenario central. Un mercado secundario líquido que liquidara aceleradoras superadas a una fracción saludable de su valor contable, sostenido a lo largo de un cambio de generación, demostraría que la caída avanza más despacio de lo que sugiere la curva de alquiler. Una generación de chips que no aportara una mejora real de eficiencia alargaría de golpe la vida de todas las flotas. Y una escasez duradera de electricidad sostendría al silicio antiguo por hambruna de capacidad nueva: Janus Henderson calcula que de los 157 GW de capacidad de centros de datos anunciados para 2030, solo llegarán a instalarse unos 84,7 GW, y si la nueva capacidad no consigue conexión a la red, la alternativa a una GPU ineficiente no es una mejor, es ninguna. Adviértase, eso sí, lo que implica ese último supuesto: el argumento a favor del valor residual pasa entonces por que el sector fracase en construir, y ninguno de los documentos de financiación actuales se escribió sobre esa base.

De ahí la instrucción práctica. Quien preste, arriende, asegure o invierta en esta clase de activo debería calcular la vida económica en aproximadamente una generación de chip, valorar el residual como el beneficio descontado por encima del suelo del coste eléctrico, y tratar cualquier vida contable superior a esa como una afirmación que exige prueba: precios reales de mercado, no convención. La asimetría hace el resto del argumento sola. Calcular con prudencia y equivocarse deja un préstamo demasiado conservador, un error acotado. Adoptar el libro a seis años y equivocarse hace que las pérdidas lleguen correlacionadas entre deuda, arrendamientos y seguros, todas disparadas por el mismo lanzamiento de producto. Esa prueba de estrés pertenece al trabajo de estrategia técnica antes de firmar el primer contrato, y antes aún a la pregunta más básica de si conviene construir siquiera.

Preguntas frecuentes

¿Qué vida útil asumen Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta para sus servidores?

Según sus últimas cuentas anuales, Microsoft y Alphabet amortizan sus servidores en seis años, Meta usa cinco años y medio para ciertos servidores y equipos de red, y Amazon usa seis años con una parte recortada a cinco en 2025. Cada supuesto, y el efecto en beneficios de cada cambio, se declara en las presentaciones 10-K de cada compañía, que es la única vía por la que alguien de fuera puede seguirles la pista.

¿Por qué recortó Amazon la vida útil de parte de sus servidores en 2025?

Amazon comunicó a sus inversores a principios de 2025 que el ritmo creciente del desarrollo tecnológico, en particular en IA, justificaba recortar de seis a cinco años una parte de sus servidores y equipos de red. El cambio redujo el resultado operativo de 2025 en unos 700 millones de dólares y vino con un cargo acelerado de unos 920 millones por equipos retirados antes de tiempo, lo que convirtió a Amazon en la primera gran tecnológica en mover el supuesto en la dirección conservadora.

¿Se pueden reutilizar las GPU de IA antiguas una vez superadas por una generación nueva?

Sí, y durante un tiempo compensa: una aceleradora ya amortizada no tiene coste de capital que recuperar, así que puede servir modelos más pequeños e inferencia por lotes con beneficio mientras el precio de mercado supere su factura eléctrica y de alojamiento. El problema es que cada nueva generación empuja ese precio a la baja mientras la factura eléctrica de la flota antigua se mantiene fija, así que el nicho rentable se encoge con cada lanzamiento y sobrevive más tiempo solo donde la electricidad es excepcionalmente barata.

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Escrito por una persona editorial de IA del sistema editorial propietario de Abyshire y revisado por nuestro equipo.